Las pérdidas de OpenAI se multiplicaron casi por 8 en 2025, con un gasto de…
OpenAI quemó 34.000 millones para ganar 13: bienvenido a la economía de la fe
Este artículo está basado en el análisis de Ed Zitron publicado en su newsletter Where’s Your Ed At, concretamente en la entrega Premium: The Silicon Valley Bubble (Part 2), donde el autor desgrana las finanzas auditadas de OpenAI para 2024 y 2025 y lo que revelan sobre la salud real del ecosistema de la IA.
El mayor espectáculo de magia financiera del siglo
Imagina que abres un restaurante de alta cocina. Contratas a los mejores chefs del mundo, importas ingredientes de tres continentes, diseñas un espacio que haría llorar a Zaha Hadid y lanzas una campaña de marketing que rivaliza con el Super Bowl. Al final del año, has gastado 34 dólares por cada 13 que has ingresado. Cualquier inversor sensato te mandaría a freír espárragos. En Silicon Valley, sin embargo, te cubren de confeti y te valoran en cientos de miles de millones.
Eso, en esencia, es lo que revelan las finanzas auditadas de OpenAI que Ed Zitron publicó en exclusiva: la compañía gastó 34.000 millones de dólares para generar 13.070 millones en ingresos. No es un error tipográfico. No es contabilidad creativa. Es la radiografía de un modelo de negocio que, hasta ahora, funcionaba principalmente gracias a una mezcla de capital infinito, narrativa perfectamente construida y una fe casi religiosa en el futuro.
Cuando la narrativa vale más que el balance
Lo verdaderamente fascinante del caso OpenAI no es el déficit en sí, sino el hecho de que nadie parece escandalizarse demasiado. Llevamos décadas domesticados por la lógica de “crecer ahora, ganar después”, esa promesa que Amazon convirtió en evangelio y que toda startup con una buena historia ha intentado replicar desde entonces.
Pero hay una diferencia crucial entre Amazon en los 2000 y OpenAI hoy: Bezos construía infraestructura física con economías de escala reales y tangibles. OpenAI está construyendo, según su propio relato, la inteligencia general artificial. Es decir, no vende libros más baratos; vende la posibilidad de que en algún momento indeterminado del futuro, su producto reemplace a buena parte del trabajo cognitivo humano. Eso no es un plan de negocio, es una promesa escatológica.
“El problema no es que OpenAI pierda dinero. El problema es que pierde dinero a una escala que requiere creer, con una convicción casi mística, en un futuro que nadie puede garantizar.” — Ed Zitron
La burbuja no explota, se infla despacio como un globo en cámara lenta
Zitron lleva tiempo siendo una de las voces más incómodas del periodismo tecnológico anglosajón, precisamente porque se niega a aceptar el marco de referencia que Silicon Valley impone. Y en esta segunda parte de su análisis sobre la burbuja, vuelve a hacer lo que mejor se le da: mostrar los números sin filtro narrativo.
Las reacciones a su exclusiva son, en sí mismas, un estudio sociológico revelador. Hubo quienes leyeron “34.000 millones gastados para 13.000 millones ingresados” y soltaron un “Dios mío”. Pero también hubo quienes salieron a defender las cifras con argumentos del tipo “es que hay que entender el contexto” o “así funciona la inversión en tecnología profunda”. Y aquí está el núcleo del problema: cuando los guardianes del relato tecnológico han convencido al mundo de que las reglas matemáticas básicas no aplican a su industria, algo ha fallado estructuralmente.
No estamos hablando de una startup en fase seed que quema runway mientras busca product-market fit. Estamos hablando de la empresa de inteligencia artificial más visible y mejor financiada del planeta, con Microsoft como socio estratégico, respaldada por el dinero más sofisticado del mundo. Si a estas alturas el ratio gasto/ingreso sigue siendo de 2,6:1, hay preguntas que merecen respuestas más sólidas que “confía en el proceso”.
Los costes de la omnipotencia computacional
Parte del déficit tiene una explicación técnica perfectamente legítima: el coste de entrenar y servir modelos de lenguaje a escala masiva es astronómico. Los chips de Nvidia, los centros de datos, la electricidad, el talento de investigación… todo ello suma de una forma que no tiene precedente en la historia empresarial reciente.
Pero esta explicación, siendo verdadera, también es conveniente. Porque mezcla dos cosas distintas: el coste real de construir infraestructura de IA y el coste de mantener una carrera armamentística tecnológica en la que ningún actor puede permitirse quedarse atrás, aunque eso signifique sangrar financieramente. OpenAI no gasta 34.000 millones porque sea estrictamente necesario para servir a sus usuarios actuales. Gasta 34.000 millones porque está en una guerra de posicionamiento donde el tamaño del modelo y la velocidad de lanzamiento se han convertido en la única métrica que importa, independientemente de la rentabilidad.
Es, por seguir con las metáforas arquitectónicas, como si dos estudios rivales construyeran el rascacielos más alto del mundo no porque nadie necesite tanto espacio de oficinas, sino simplemente para que el otro no tenga el edificio más alto. El coste lo pagan los inversores. El beneficio, de existir, llegará después. Quizás.
¿Y si la AGI nunca llega a tiempo?
Aquí está la pregunta que Zitron plantea entre líneas y que pocos en el sector se atreven a formular en voz alta: ¿qué pasa si la Inteligencia General Artificial no llega en el plazo que justifica esta inversión? ¿O qué pasa si llega, pero su monetización resulta ser infinitamente más compleja de lo que el hype sugiere?
Las burbujas tecnológicas tienen siempre la misma anatomía: una tecnología real con potencial genuino, una narrativa que hiperboliza ese potencial, capital que fluye hacia esa narrativa, y valuaciones que solo tienen sentido si el escenario más optimista se cumple con exactitud milimétrica. Las puntocom tenían internet, que era real. La burbuja inmobiliaria tenía casas, que eran reales. OpenAI tiene modelos de lenguaje que son, innegablemente, impresionantes y útiles. Pero “útil e impresionante” no necesariamente se traduce en “capaz de generar el retorno que justifica quemar 34.000 millones al año”.
Lo que los números no pueden callar
El mérito del trabajo de Ed Zitron, más allá de la exclusiva periodística, es obligarnos a salir del modo fan y entrar en el modo analista. La industria tecnológica lleva demasiado tiempo operando en un espacio donde la crítica financiera se confunde con el ludismo o con el no entender “la visión”. Cuestionar si OpenAI tiene un modelo de negocio sostenible no es ser antiinnovación. Es ser adulto.
En AneurisMAG llevamos tiempo observando cómo el marketing de la IA ha colonizado cada conversación sobre tecnología, diseño, creatividad y trabajo. Y lo que revelan estas cifras auditadas es que, detrás del telón de la revolución más publicitada de la historia reciente, hay una empresa que todavía no ha resuelto el problema más antiguo del capitalismo: gastar menos de lo que ingresas.
La burbuja de Silicon Valley no explota con un bang. Se desinfla con un ssssss suave, casi imperceptible, hasta que un día miras los números y ya no puedes ignorarlos. Ese día puede que haya llegado. O puede que la fe aguante un poco más. En cualquier caso, ya no hay excusa para no mirar el balance.