En el desarrollo de productos digitales, el UX Researcher se ha convertido en una figura…
El botón que lo rompió todo: cómo el buen UX colapsó el mercado laboral
Este artículo está inspirado en el ensayo “Did good UX break the job market?”, publicado en UX Collective, que plantea una de las paradojas más incómodas del diseño digital contemporáneo.
La trampa perfecta tiene un botón azul y esquinas redondeadas
Hay un principio sagrado en el diseño de experiencia de usuario: reduce la fricción. Elimina los pasos innecesarios. Haz que el camino entre el deseo y la acción sea tan corto y suave que el usuario casi no sienta que ha tomado una decisión. Es el mismo principio que hace que compres en Amazon con un solo clic, que te suscribas a Netflix antes de terminar el primer episodio o que pidas comida a domicilio desde el sofá sin hablar con nadie.
Ahora aplica ese mismo principio al mercado laboral. El resultado es un sistema que, al intentar ayudar a todo el mundo, no está ayudando a nadie.
Hace diez años, aproximadamente el 15% de las candidaturas a un empleo derivaban en una entrevista. Eso significaba que con seis o siete solicitudes, tenías bastantes opciones de sentarte frente a alguien a contarle quién eres. Hoy ese porcentaje ha caído al 2-3%. Ahora necesitas enviar entre 30 y 50 candidaturas para conseguir una sola entrevista. Y mientras tanto, al otro lado de la pantalla, los recruiters reciben más de 300 solicitudes por cada posición abierta.
Bienvenido al mercado laboral optimizado.
LinkedIn y el efecto supermercado de 40.000 referencias
Hay una teoría en psicología del consumo, popularizada por Barry Schwartz, que dice que cuantas más opciones tienes, menos satisfecho quedas con tu elección. La paradoja de la elección. Un supermercado con 40.000 productos no te hace más feliz que uno con 400: te paraliza, te agota y te hace dudar de todo lo que compras.
LinkedIn, Indeed, Infojobs y sus primos han construido el supermercado laboral definitivo. Han diseñado plataformas tan eficientes, tan pulidas, tan sin-rozamiento que candidatarse a un empleo requiere, en muchos casos, el mismo esfuerzo cognitivo que hacer un retuit. Un par de clics. El CV ya está subido. El perfil ya está relleno. Easy Apply. Listo. Siguiente.
El problema es que ese mismo diseño funciona en ambas direcciones. Si tú puedes aplicar a 50 trabajos en una tarde, otros 5.000 candidatos pueden hacer exactamente lo mismo. Y de repente, el recruiter que antes gestionaba 30 candidaturas por oferta ahora tiene 300. O 500. O más. El sistema no escala para los humanos que están al otro lado.
El CV que nadie va a leer
Aquí entra el segundo acto de esta historia, y es donde las cosas se ponen realmente interesantes —o perturbadoras, según cómo lo mires—. Ante la avalancha de candidaturas, las empresas respondieron con tecnología: los sistemas ATS (Applicant Tracking Systems), algoritmos que filtran CVs automáticamente antes de que ningún ojo humano los vea.
¿El resultado? Un mercado laboral en el que las personas aprenden a escribir sus currículums no para impresionar a un ser humano, sino para superar a una máquina. Meten palabras clave como si fueran SEO. Ajustan el formato para que el parser no se confunda. Eliminan columnas, tablas y tipografías bonitas porque los robots no saben leerlas.
Es decir: el buen UX que facilitó el acceso de los candidatos generó tal volumen de solicitudes que las empresas respondieron con automatización, lo que obligó a los candidatos a optimizar sus materiales para máquinas, lo que hace que los perfiles parezcan más homogéneos, lo que dificulta aún más destacar, lo que lleva a mandar más candidaturas, lo que genera más volumen, lo que justifica más automatización. Un bucle precioso, perfectamente diseñado para no llevar a ningún lado.